Te llaman hechicera.


Por el bosque no diambulas sino que con ave que te acompaña recorres lentamente y en ésa arbolada que fría es le llenas de un calor que con su húmedad hace de éxtasis sudar al verte caminar sin mirar atrás pues te hechicera y no les falta nada de razón pues con tú mirada embrujas a ése que mortal es y le hacés suspirar por ése deseo de estar y ser el elegido por ti y así ser ése del cuál se cuente que hizo que tú duró corazón se enterneciera cuál quimera pues siempre hechizo darás para que en tú Ser no sea de cualquiera merecer sino de aquél a quien ave nocturna le llevé hasta tú querer para así en labios probar ésa posima que le hará el corazón tambalear cómo si hubiera bebido de ése mágico vino que en barrica estuvo y en placer ése elegido contigo no se contuvo pues en tu piel se encontró ése mapa de un tesoro que no es de perlas y oro sinó de ése sentimiento del cuál mortal implora y a tús oídos llega como una dulce melodía por la cuál ave que para unos es de mal aguero y es tu compañero le dé a él ése pequeño empujón y en tus brazos atónito por tú belleza caer y así junto a ti darse y recibir ése placer que orgasmo provocará no sin antes ése jagiar que en piel se ha de palpar y en ése dulce y amargo deseo se probará el porque te llaman hechicera pues eres ése embrujo en cuerpo de mujer que todos pero no cualquiera puede merecer.
-Copertone Hill, 2023®-

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