
Al acercarse el atardecer ya cuando la tarde está por perder su nombre se camina por la calle y en alameda en ésa que una fuente tiene se observa a una «curiosa» dama que con su simpatía alegrará la noche pues se le ve con ése abanico pero igual dejá ver algo de su sensualidad al refrescar en fuente ése par con el cual ella hace ése acto de caminar que pone al mortal a imaginar ése sensual contoneo de cadera con el cual «romperá» uno que otro cuello a ella voltear a mirar y admirar y ahora en refrescante situación les hará suspiro soltar y lo harán sin avergonsado estar pues mente hace ella explotar al mover ésas tranquilas aguas que harán al que le miré sentir por ella ése «calor» de pasión para juntos tener ésa «plática» entre cuerpos y «hablarle» con caricias para hacerle sentir ésa humedad en los labios en su Norte y Sur a ése tiempo donde silencio se cambia por ése «hablar» extaciado para ese «ella y él» así darse un placer sensualizado en sus pieles que llegaron a ser una en ésa noche de Abanico donde el tiempo paso y madrugada llegó y aún el amor ahí no acabo pues se dio un impas para retomar ese elixir de amar y en siguiente noche volver a «refrescar» ésa memoria y así ése par que ya locura entre ellos consigo traerán y la tendrán en el «bolsillo» de entrepierna donde se tomará algo de «cambio» que dará ése sentir gemir en ése él «entrar» y «salir» cómo si puerta giratoria fuera para veces lo mismo repetir para ése jadeó y sudor escurrir porque no se ha de sufrir sino más bien de deseo sentir y así sus vidas continuar y siempre ésa «parte» de ésa noche de Abanico que en memoria quedará para siempre recordar.
-Copertone Hill, 2023®
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