
Costumbre la nuestra que empezó hacé ya muchos años cuando la juventud loca corría por nuestras venas, cómo ése día donde el calor del día nos dió cobijó en ése árbol donde fue casualidad el encontrarnos en ése parque tú leyendo a Freud y yo absorto en el periódico cuando ésa ráfaga de viento vino como ése que es divino alborotando hojas de libro y periódico y provocando ése contacto visual que he de decir a mí no me pareció del nada mal porque ése bello rostro esculpido por Afrodita la muy bendita me miró y mi corazón cautivo, después vinieron más de esos días y envejecer juntos se nos concedió y de paseo por la ciudad costumbre se formó pues en ése caminar por edificios y calles nuestra primera cita fue para así conocernos y hoy con ése parecido de antaño ya canas ambos pintamos pero el amor entre nosotros es igual de juvenil como ésa primera vez y así seguirá hasta que el tiempo dirá y un ambos terminé y uno o los dos ya ése último aliento espire.
-Copertone Hill,2023®
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