
Temprano en un domingo aunque ya los dos despiertos me extrañó tú voz desdé la cocina y me dispuse a ir contigo aún un poco soñoliento al llegar vi el «desayuno» servido en ése pillama negro que apacionadamente me esperaba y sueño soñolencia desvanecía pues en él mis ojos en sus labios se fijaron cómo ése navegante a un faro que le dice qué a tierra prometida ha llegado yen ése «desayuno» sus ancias de placer en ella a de satisfacer entre ésas caricias que encienden ése calor sin necesidad de un cerillo pues entre dos será ésa chispa de deseo que encienda apacionadamente a ése dos que habrá en mesa sin ningún cubierto tomar ése apetitoso desayuno que a ambos los hará soltar ése gemido ya para ellos conocido pero que no es sólo algo repetido sino siempre con placer emitido pues sus cuerpos están al igual comprometidos en un quehacer dónde ése sentir piel con piel a ellos les da ése placer en mañana de domingo que a vecinos cómo sí fuera ése sonido de ave que canta al amanecer para bienvenida a día dar y llamar a ése desayunar que a esos dos un exquisito deleite dará ahora y en el trascurso del día continuará pues ése desayuno a ellos muy bien se les da.
-Copertone Hill, 2022®-
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