
Siete y treinta de la mañana y ya está por terminar tú horario de trabajo y aunque luces cansada pero aún así la sonrisa no pierdes pues ignato es en ti, llega a esa hora un cliente frecuente el cual no sacas de tú mente y al verle entrar te le quedas con ése mirar que corazón agita y rápido palpita, pasa un rato y llega él a cerrar su trato con únas cuántas bebidas lo cual no es su costumbre pero él también ya se siente con ése valor para hielo cortar e invitarte a desayunar cuando salgas de tú rutina en ése autoservicio en el cuál ambos perdieron el piso pues se sienten entre nubes pues ése Eros ya hace días flechó y aceptación das no sin antes tús mejillas ruborizar pues una pasión estára por comenzar y autoservicio olvidar por unas horas que en días se convertirán siempre a ésas siete y treinta entre semana para un día gozar de ése mañana donde uno fue cliente y otro comerciante que en amor se volvieron dependientes dónde caja registradora servirá para llevar ésa cuenta de un amor que empezó a autoservicio en un par que uno llegará a ser para contar sus besos y caricias en otro privado lugar dónde piel se verá descubierta y la pasión le cubra para ése deleite que empezó los haga suspiros y gemidos soltar cómo ése un día en autoservicio a las siete treinta.
-Copertone Hill, 2022®-
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